Creo que no te quiero, que
solamente quiero esa imposibilidad tan obvia de quererte como te quiero. Una
conjetura basada en pequeños recuerdos, como cuando tuve miedo, miedo de tu
edad, de tu conocimiento, de tus manos y de tus ojos que buscaban en medio de
la clase, una luz impura en mí. No debería sentirme aprisionada si te quisiera.
Intento ser yo, pero mis palabras me consumen, como el humo de tu cigarrillo,
palabras tan ajenas que logran describir mi ser a la edad de 18 años. Pero aún te veo,
recitando tu majestuoso soliloquio ante los estudiantes que asientan con la
cabeza, como aprobando tu criterio, mientras sus ojos ignoran por completo tu
increíble estrategia de ofenderlos carismáticamente, lo mismo que haces
mientras te observo.






0 comentarios:
Publicar un comentario